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Ecos del Alma Radio

lunes, 29 de octubre de 2018

Sanar la carencia maternal en tu clan

SANAR LA CARENCIA MATERNAL EN TU CLAN

Este vínculo es el más importante, porque es el primero que mantenemos en nuestra vida. De ella nos nutrimos, y conforme haya sido esa nutrición, serán las herramientas que tendremos para enfrentar la vida, de ella recibimos la energía de vida, conforme haya Sido esa energía, así nos sentiremos. 
 
Cuando veas a una persona siempre enojada, su enojo en realidad es con su madre, de un modo muy inconsciente. Comúnmente se dice: está enojado con la vida, o está en guerra con la vida, la madre representa la vida, si yo no estoy en paz con mi madre estaré en guerra con mi vida. Por eso la importancia de sanar este vínculo. Muchas de nuestras enfermedades, son del niño que no recibió ese amor que le hizo falta de su madre, quedó desnutrido emocionalmente.

De la madre se desprende la relación que mantenemos con  nuestro CUERPO, la relación que mantenemos  con el MUNDO, la relación que mantenemos con la COMIDA, la relación que mantenemos en OTRAS RELACIONES. 

Recordemos que es la madre la primera que nos alimenta, y conforme haya sido ese alimento, será la nutrición en forma de ENERGIA DE VIDA que tendremos para enfrentar la vida. 

La madre está ligada a nuestra ABUNDANCIA, si no nos sentimos abundantes emocionalmente con nuestra madre, cuando fuimos niños, me sentiré carente en el mundo, en mi vida de adulto.

Maternamos a nuestros hijos conforme nos maternaron a nosotras. Puede pasar también que me vaya al otro extremo, ser diferente con mis hijos en comparación con mi madre, de igual modo, tengo que saber, que aquí se está hablando de energía de vida, si mi mamá fue autoritaria y hoy yo soy permisiva, y no recibí de ella energía de vida, de igual modo me costará muchísimo criar a mí a hijos, ya que CAREZCO de dicha energía. 

¿POR QUÉ MI MAMA NO ME DIO ENERGIA?

Porque ella no la recibió de su propia madre, por consiguiente no la tenía en ella misma,  para entregármela a mi. "Damos lo que tenemos".

Generalmente no podemos dar energía de vida a nuestros hijos, que  no hayamos recibido de nuestra propia madre. 

Si yo no recibí un maternaje apropiado, óptimo, donde todas mis NECESIDADES EMOCIONALES, AFECTIVAS estuvieran cubiertas, me costará maternar a mis hijos, ya que no recibí energía de vida de mi madre, mi madre tampoco tuvo energía de vida para maternarme como debío hacerlo.

El DOLOR, el BLOQUEO, la CARENCIA de dicha energía, se arrastra de generación en generación, y si hoy quiero que fluya para beneficiar a mis  hijos y a mi misma, debo liberarla, desde ascestras a descendientes. 

El bloqueo está en el pasado, en las infancias de nuestras anscestras. Recordemos que en la infancia damos a nuestros hijos la energía de vida para desarrollarse en su vida de adulto, y si no la damos sabiamente, ENFERMAMOS, BLOQUEAMOS ese influjo.

Cada generación que no recibió sabiamente dicha energía de sus madres, se queda mirando hacia el pasado, esperando esa energía, desprotegiendo a la descendencia, no nutriendo a la descendencia. 

Muchas madres, SIGUEN ESPERANDO el amor que no recibieron de su madre, no logrando cortar el cordón sanamente, cuando hacemos esto, estamos desprotegiendo a nuestros hijos. Debemos sanar este aspecto. Mientras yo esperé amor de mi mamá siendo una adulta con hijos, debo saber que no estoy nutriendo  a mis hijos, quedándome en un estadio infantil. Creando una CADENA de DESNUTRIDOS EMOCIONALES. 

AHORA TRABAJEMOS CON LAS MUJERES DE NUESTRO CLAN:

- Imagina y visualiza, aunque no la conozcas, a tu bisabuela. Imagina que una luz poderosa la sostiene, abajo de tu bisabuela está tu abuela. Tu bisabuela le dice a tu abuela: no puede estar disponible para ti como debí estarlo, no pude maternarte como debí hacerlo, no tuve la energía de vida que necesitaba. "Lo siento". Ahora estoy presente y puedes tomarme de un modo diferente, puedes tomar mi energía. Tu abuela respira y se llena de esa energía. 

- Tu bisabuela le dice: Se que te hice falta, sé que no te cuide como debería haberlo hecho, sé que de un modo inconsciente te hice daño, pero ahora estoy aquí para reparar el daño, ahora estoy presente para ti y puedes tomarme. Tu bisabuela abre los brazos enormes y la toma a tu abuela entre sus brazos. La llena de energía de vida, esa que no supo darle cuando fue niña. El amor en estos momentos fluye entre ellas dos. Ahora en estos momentos está ingresando esa energía. Ahora tu abuela recibió esa energía, ahora puede girar hacia la vida y ver a tu madre.

- Imagina y visualiza ahora a tu madre, ella en estos momentos está por recibir la energía de vida que no recibió siendo niña, la visualizaras pequeñita, justo en el momento que tuvo que recibir el amor de su madre y no lo recibió, simularemos su infancia.

- Su mamá, tu abuela, le dice: Hija, no pude estar disponible para ti como tú lo necesitaste "lo siento" Sé que me necesitaste de un modo diferente, sé que no te dí el amor que hubieras querido, sé que te hice sentir desprotegida, sé que no te tuve paciencia como debí haberte tenido, sé que te hice falta. Se que necesitaste más dulzura de mi. 

- Ahora estoy presente como me necesitas tener, puedes tomarme. Tu abuela extiende los brazos y la  toma a tu madre de una manera profundamente amorosa. 

Así es como liberamos, pasa la energía de vida.

- Tu madre ahora se gira  y puede mirarte a ti. Recordemos que ella se quedó detenida esperando el amor que no recibió de su madre, tu abuela, se quedó detenida en una psiquis de niña. En estos momentos ya tiene la energía de vida para darte. Ahora es una mujer madura, ahora es una  madre "no una niña carente" es una madre  abundante. Ahora que es una mujer madura puede entregártelo a ti.

- Visualiza como baja la energía de vida, de mujeres poderosas, luminosas, amorosas. Tu madre está apoyada por su madre, tu abuela está apoyada en su madre.  Ahora te toca el turno a ti.

- Tu madre ya es una mujer, ya salió del estadio de niña al recibir esa energía de su propia madre, ahora puede mirarte a ti, antes no podía mirarte  porque seguía esperando esa energía de su madre y estaba en estadio de niña.

- Tu mamá te dice: hija, no pude estar contigo como debería haber estado, no pude ser la mamá que hubieras querido, no pude protegerte como te hizo falta "lo siento" "lo lamento". Sé que te hice falta en muchos momentos que me necesitaste atenta. "Se que te hice daño, lo lamento" no tenía la energía para maternarte como te lo merecías "Lo siento" Quiero reparar este dolor que te causé por no protegerte. Ahora estoy presente para ti,  porque crecí, maduré, puedes tomarme. Tu madre extiende los brazos, te toma, te abraza fuertemente. Ahora puede dejar de mirar a su madre, pidiendo que la siga maternando, para maternarte a ti. Dejó de ser una niña, ahora es una mujer, tu madre, ella te protege  a ti. Deja de mirar el pasado, para mirarte a ti, el pasado solo la respalda, pero sus ojos ahora están puestos en ti. 

* Siente como ingresa esa energía de vida en ese abrazo, siente como ingresa en tu cuerpo.

* Siente como esa energía de vida te hace crecer, madurar, fortalecerte, brillar. Dejas de ser un niñ@, pidiendo que te maternen, dejas de sentirte carente y desprotegido, para convertirte en un adulto empoderado, fuerte. Siente esa energía de vida en cada célula de tu cuerpo.

Ahora agradeces a tu mamá, a tu abuela, a tu bisabuela está entrega. Las miras, y les dices: gracias a todas!!

Ahora mira al futuro, mira hacia delante, a la vida, tu vida. Estás protegido por todo el linaje, respaldado, te miran con buenos ojos y te alientan a mirar hacia el futuro, hacia la descendencia, su legado.

Entrega toda esta energía a tus hijos en caso de tenerlos, o a tus proyectos que tengas para tu vida.
Comparto con amor
Laura Gpe.
💞💛💞

Valeria Juarez/ compartido por Andrea Olate. Gracias a todas.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Grafiti: Julio Cortazar



Graffiti, Julio Cortázar (1914-1984)

         Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar el dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta de que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, ningún carro celular en las esquinas próximas, acercarse con indiferencia y nunca mirar los graffiti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote enseguida.
          Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término graffiti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de qué lado estaba verdaderamente el miedo; quizá por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo.
          Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza. Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos.
          Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien por si fuera poco era una mujer. Vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo, una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas.
          Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer en un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garaje, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas ralearon en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
          Casi enseguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garaje, a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el café de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garaje y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando la vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.
          Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella ahí en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso una espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora.
          Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más que a morderte las manos, a pisotear las tizas de colores antes de perderte en la borrachera y el llanto.
          Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste al placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garaje. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quiso patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo. Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo.
          Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste a mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaba a las patrullas urbanas de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste el otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violeta de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé, ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.

La supervisión. (Texto de la serie Aliados)

Un texto que me hizo mucho sentido.




CAPITULO 15: "La Supervision"

La frase que dijo Taylor a sus alumnos me quedó resonando y también mi pregunta: Lo importante es la mirada, ¿pero cuál mirada? Cuando los humanos esperan algo con mucha ansiedad dicen "no veo la hora". Cuando quieren dar una opinión dicen "Así lo veo yo" o "Éste es mi punto de vista". Cuando quieren hablar del futuro se preguntan "¿Cómo te ves en algunos años?". Cuando quieren consultar con alguien su aspecto preguntan "¿Cómo me veo?". "Estoy tan borracho que no veo" dicen cuando beben.
La vida humana es una mirada, un recorte. Los humanos conocen de la vida sólo lo que ven. Para aquello que no pueden ver, necesitan otra mirada: una supervisión.
Nunca estuvimos tan lejos de alcanzar nuestra misión. El tiempo se acaba, y nos preguntamos ¿Por qué?
Estuvieron siempre mirando a sus misiones, ahora es tiempo de mirarse ustedes.
Ustedes también son su propia misión. Posen la mirada sobre ustedes. Nuestra misión es generar un cambio, y el cambio tiene que empezar por ustedes. El cambio viene desde el interior, sean el cambio.
Si un humano quiere verse el rostro tiene que mirarse en un espejo, pero si quiere mirarse la espalda tiene que hacer un juego de espejos. Creemos conocer a alguien por lo que vemos, pero conocer al otro en realidad es poder ver con sus ojos, ver la vida como la ve el otro. Confiamos sólo en lo que vemos, pero lo que vemos es apenas una ínfima parte de la realidad. La vida, el misterio, es todo eso que escapa a la mirada. Por algo cierran los ojos cuando besan, o cuando hacen el amor. Es porque así ven más, ven mejor.
Se supone que la mirada de un supervisor ve más, porque ve en simultáneo, lo que alguien mira y al que mira. Mirar al otro no es sólo verlo, sino también ver su mirada, su verdad. Mirar, es también dejarse mirar. Sólo cuando podemos ver, pensar y sentir como el otro, podemos decir que conocemos al otro. Y será inevitable, conociendo al otro, nos conoceremos a nosotros mismos.
Unos estudiantes de pintura me dibujaron, y cada uno me pintó de una forma diferente. Es evidente que los demás cuando me ven, ven a alguien distinto. La pregunta es quién soy, y ahora siento que cada vez estoy más cerca de responderla.
Los humanos atraviesan su existencia con la pregunta constante: ¿Quién soy? ¿Cómo soy? y para responder a esa pregunta, interpelan a los demás: ¿Qué ves? ¿Cómo me ves? Y habrá tantas respuestas como miradas, incluso la propia mirada. Una mirada que suele ser implacable. Quizás seamos un poco como nos ven, un poco como nos vemos, y un poco como nadie nos ve.
Los creyentes dicen que sólo Dios nos ve tal cual somos. Esa mirada, esa supervisión, que ve al que somos, al que fuimos, al que seremos, y al que podríamos ser. Una mirada frente a la cual nunca jamás podremos decir que las cosas son así como las vemos, porque vemos casi nada.
Estamos muy interesados en aquello que vemos, pero lo más importante, es todo aquello que no podemos ver.