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martes, 29 de septiembre de 2015
borneman, elsa, Nomeolvides.
Nomeolvides
En la celeste pequeñez de sus pétalos, la flor que conocemos como “nomeolvides” guarda el recuerdo de una tan bella como triste historia de amor y debe su nombre a esa historia.
Sucedió, hace mucho, en alguna región de Alemania, muy probablemente en el sur. No me ha sido posible ubicar con exactitud el lugar ni el año donde y cuando se desarrollaron los acontecimientos que voy a contarte.
De todos modos, no importa, ya que para reconstruirlos tal cual ocurrieron me basta:
-imaginar dos chicos enamorados...
-abrir un viejo cuaderno de tapas blancas... (el mismo que en la ciudad de Munich quiso ir a parar a mis manos, desde las de un librero anticuario) –y elegir un río en el mapa alemán... (me decido por el Isar).
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-Imagino dos chicos enamorados...
Ella: Silke; él, Erwin; los dos asisten a uno de los últimos grados de la escuela elemental y, como buenos alumnos que son, se sientan en los bancos del fondo del aula. Silke un poco más atrás, invariablemente. (Es que Erwin no se lleva muy bien que digamos con las tablas de multiplicar...)
En Alemania se solía ubicar en los primeros bancos a aquellos alumnos que exigieran más dedicación por parte del maestro y en los últimos a los que no presentaran dificultades en el aprendizaje.
Sus compañeros se intercambian miradas picaronas cada vez que los ven alejarse juntos, a la salida de las clases. Pero a Erwin y a Silke no parece afectarles. Es más, ni siquiera lo advierten, entretenidos en sus charlas cuando abandonan el aula. Luego, recorren las cuadras que los conducen desde la escuela a sus hogares, cada uno en su bicicleta.
Se despiden frente a la relojería de la calle Wiesen. En esa esquina, Silke dedica a su amigo la última sonrisa del día y éste le devuelve un guiño. Eso, cuando no están enojados por alguna tontería...
¡Y continuamente los separa alguna tontería!
En ese caso, uno gira velozmente hacia la izquierda y la otra dobla hacia la derecha, cada cual rumbo a su casa y como de costumbre, pero sin mirarse.
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Sin embargo, las peleas entre ambos no duran demasiado. Erwin sabe qué hacer para que los labios de su amiga se estiren en una nueva sonrisa: se las ingenia para encontrar alguna hierba, hoja o flor que Silke no haya conseguido aún para aumentar su colección, ésa que reúne en las páginas de un cuaderno de tapas blancas.
A ella le apasionan las plantas. Asegura que, cuando crezca, será la mejor jardinera de toda Europa.
Entretanto, riega las macetas que se alinean en cada ventana de su casa y colecciona cuanta hoja o flor encuentra, colocándolas con delicadeza en las páginas de su herbario.
Claro que, para ella, las que le regala Erwin son las más preciadas.
Mira si no: debajo de todas anota el nombre de la especie, con su letra delgada y derechita, pero siempre escribe varios renglones al pie de las que le obsequia su amigo. O las distingue con breves rimas de su propia creación.
Es una joyita el herbario de Silke. Y ahora vas a saber por qué.
Abro el cuaderno de tapas blancas...
“HERBARIO DE SILKE” y, más abajo, “FELIZ NAVIDAD”, se lee en la primera página. Son las únicas palabras escritas con letra gótica2 y no son obra de la mano de una niña.
2 Letra gótica: letra de forma rectilínea y angulosa que se usaba antiguamente, en Alemania en especial.
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Seguramente las dibujó el papá o la mamá. Ese tipo de caligrafía debe costarle todavía un poco a Silke.
Desde la segunda página en adelante, pequeños ramitos u hojas solitarias, manojillos de flores chiquititas o grandes ejemplares únicos, se suceden a lo largo de casi todo el cuaderno. Están prolijamente dispuestos debajo de rectángulos de papel celofán, frágiles vitrinas que evitan el deterioro.
Seca, inmóvil como una mariposa de ilustración, cada muestra exhibe forma, textura, pétalos o nervaduras con toda claridad. A Silke le encanta pasar levemente se dedo índice sobre cada una de ellas, mientras echa a andar su imaginación por los caminitos que le señalan esta suerte de pequeños mapas vegetales... Por eso, escribe, por ejemplo...
Margarita
-Tiene la cabeza rubia y usa cintas blancas como una chica que yo conozco... –me dijo Erwin al regalarme esta flor. La había cortado un ratito antes de llegar a clase. aún temblaban sobre sus pétalos las gotas de rocío.
La sacudí porque me parecieron lágrimas y no quiero que mis flores estén tristes.
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La puse en el vaso de mi mesa de luz. Me alegró el cuarto durante todo el fin de semana.
Hojas de roble
Erwin las recolectó para mí durante la mañana del domingo pasado, cuando fue al bosque con Peter y Fritz a buscar leña para el maestro.
Me dijo que lo hicieron porque el maestro tiene lumbago... (A mí me parece que esperan que así les suba las notas de matemáticas. ¡Ja!)
Amapola
¡Hola, hola, hola,
señora amapola!
Aquí ya no estará sola.
Dos amigos tiene ahora.
Adivine, mi señora.
¿Adivina?
¡Adivinó!
Somos –en rima-
Erwin y yo.
Ramita del árbol de Navidad de Erwin
Junto con una pulsera hecha por él con agujas de pino, Erwin me trajo ayer esta ramita. La adorné con estrellas recortadas del papel de los regalos. Es como si pudiera guardarme para siempre un retacito de la hermosa Navidad que pasamos.
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Tulipán
¡Talán, talán, talán!
Ya tengo un tulipán.
Mi amiga asegura
Que roza el oído;
Campanita roja,
Tu dulce tañido.
¡Talán, talán, talán!
Ya tengo un tulipán.
Hoja no identificada
Por más que buscamos en el manual de botánica de la escuela, no pudimos averiguar a qué árbol pertenece esta hoja. Erwin la encontró en la vereda de su casa. Debe de haberse volado de algún jardín vecino. Ya investigaré por mi cuenta. Erwin quiso preguntarle al maestro pero me opuse: ¿qué clase de experta en plantas sería yo entonces?
Entretanto, la llamo “la misteriosa”.
Rosa
Esta rosa de pétalos marchitos...
Esta rosa flotaba en un charquito...
Mi buen Erwin la salvó
del olvido.
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Que nos una a él y yo,
Hoy le pido.
Helecho
Una arañita se paseaba lo más campante.
-Esta inquilina también es tuya –me dijo Erwin-. Vas a tener que buscarle otra casa antes de guardar el helecho en tu cuaderno.
Pues sí, señores, la arañita vive ahora en una de mis macetas. Y sigue paseándose lo más campante. Ni se dio cuenta de la mudanza.
Tréboles
Son de tres. La cuarta hojita que tiene cada uno se las agregué yo con mis acuarelas. El pobre Erwin no quedó demasiado conforme cuando le mostré mi trabajo. Sé que le hubiera encantado regalarme tréboles de cuatro hojas.
-¿No podías haber esperado? ¿Te creer que no los voy a encontrar? –me preguntó.
-Mientras espero, me los invento –le contesté.
Tal cual te dije antes, Silke muestra su preferencia por las hojas y flores que le regala Erwin. A las que ella misma ha recogido, sólo las nombra.
Así, se van intercalando y sumando “violetas de los Alpes”... “hojas de muérdago”... “hierba no identificada”... “brezos”... “clavel”... “anémona”... “azahares”... “campanillas”... “pensamientos”...
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La colección se interrumpe, de repente, cuando aún quedan por usar muchas páginas del herbario. Como a las anteriores, el paso del tiempo las ha amarilleado pero éstas, acaso por lo desiertas, parecen más melancólicas...
Hay que llegar al final del cuaderno para encontrar nuevamente flores. Es un manojito de nomeolvides. Silke lo anuncia inmediatamente debajo, antes de escribir las líneas con que concluye el herbario.
Después volveremos a esta última página. Ahora cierro el cuaderno y te pido que prepares tu corazón para escuchar el desdichado final de esta historia.
Sí. Termina mal. Ya te advertí al principio que es tan bella como triste... Es cierto, podría inventar un final feliz, pero eso sería mentirte, porque la vida también trae penas gigantescas.
Voy a contarte, entonces, lo que sucedió mientras el cuaderno quedó olvidado. Para ello...
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Elijo un río en el mapa alemán (me decido por el Isar)
A caminar junto a sus orillas van Silke y Erwin. Es día de excursión. Pero no van solos, por supuesto; son demasiados niños todavía... Herr3 Berger, su maestro, y todos los compañeros marchan con ellos.
3 Herr: significa “señor” en idioma animal.
Erwin y Silke pronto se las arreglan para quedar un poquito rezagados.
¡Qué delicioso es escapar por unos minutos de la vigilancia del maestro, sacarse los zapatos y retozar descalzos sobre la hierba!
-¡Si nos viera Herr Berger! ¡Los dos a los primeros bancos, como penitencia, durante una semana!
Pero Herr Berger no los ve, seguro como está de que ninguno de sus alumnos se atreverá a desobedecer su orden de no apartarse del grupo.
Aunque.. ¿es que Erwin y Silke están en realidad desobedeciendo?
No, son chicos, simplemente; chicos distraídos por el sol; chicos embriagados por el aire libre de esa mañana; chicos enamorados que juegan a ver quién de los dos encuentra primero una flor para el herbario...
-¡Te gané, Erwin! –exclama de pronto Silke- ¡Florcitas celestes!
-¿Dónde?
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-¡Allá, en la ribera! ¡Más adelante!
-¡Voy a cortarte un ramito!
Y disparando sale el muchacho, hacia el sitio que le indica su amiga.
-¡No, Erwin! ¡Es peligroso! ¡No te acerques al borde! ¡Me basta con mirarlas desde aquí!
Sordo a su pedido, Erwin va hacia la orilla del río hasta que Silke no distingue más que su luminosa cabeza rubia.
Corre ella detrás. Casi lo alcanza en el momento en que él arranca un ramillete. Entonces, la pena gigantesca: Erwin da un traspié y resbala al agua.
Logra arrojarle el manojito a su amiga, mientras el mismo grito desgarra su garganta y el corazón de la niña: -¡No me olvides!4
4 No me olvides: “Vergiss mein nicht”, en idioma alemán.
Se lo lleva la correntada.
Son inútiles los desesperados intentos de salvarlo que hace el maestro.
No me olvides...
A los pies de Silke, dispersas aquí y allá y sin saberlo, un montón de florcitas silvestres acaban de recibir su nombre.
¿Volvemos a abrir el cuaderno?
Su última página.
Debajo del ramito seco se lee:
-Ya pasaron tres meses sin Erwin.
Ayer a la mañana, mamá me llevó a visitar su sepultura por primera vez.
En cuanto me dijo que ya podía empezar a levantarme, le rogué que me permitiera ir al cementerio.
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Al principio se negó. Tuve que insistir mucho para obtener un sí.
Aunque mis piernas no están aún lo suficientemente firmes y me parecía andar sobre algodones, me siento bastante mejor de salud, casi repuesta.
Por eso no entiendo por qué, en cuento volvimos a casa, mamá me ordenó que regresara al lecho. Dice que todavía no estoy curada, que la debilidad me hace ver cosas inexistentes. Telefoneó de inmediato al Doctor Helbig, quien me revisó anoche y volvió a visitarme este mañana. Se acaba de ir. Luego de cuchichear con mamá en la sala, me recomendó más reposo y reforzó la dosis de los medicamentos.
Sin embargo, yo sé que no fueron visiones...
¡Cómo se recorte entre el verde de alrededor!
Porque la hierba que crece sobre el lugar donde descansa mi queridísimo amigo es celeste. Celeste.
Como estas florcitas silvestres que bauticé “nomeolvides”.
borneman, elsa, Mil grullas.
Mil grullas
Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien qué era lo que estaba pasando.
Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a las noticias de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes.
Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.
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¡Ah... y también se estaban descubriendo uno al otro!
Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podían transitar ese imaginario senderito de ojos a ojos.
Apenas si habían intercambiado algunas frases. El afecto de los dos no buscaba las palabras. Estaban tan acostumbrados al silencio...
Pero Naome sabía que quería a ese muchachito delgado que más de una vez se quedaba sin almorzar por darle a ella la ración de batatas que había traído de su casa.
-No tengo hambre –le mentía Toshiro, cuando veía que la niña apenas si tenía dos o tres galletitas para pasar el mediodía. –Te dejo mi vianda –y se iba a corretear con sus compañeros hasta la hora de regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza de devorar la ración.
Naomi... Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro quedaba tan lejos aún...
El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llegó puntualmente el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.
Y con la misma intensidad con que otras veces había esperado sus soleadas mañanas, ese año los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara.
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Su comienzo significaba que tendrían que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.
A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita. Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.
Acabó junio y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque...
Se fue julio y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque...
Y aunque no lo supieran: ¡Por fin llegó agosto! –pensaron los dos al mismo tiempo.
Fue justamente el primero de ese mes cuando Toshiro viajó, junto con sus padres, hacia la aldea de Miyashima. Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían apilarse vasijas en todos los rincones de su local.
Miyashima: pequeña isla situada en las proximidades de la ciudad de Hiroshima
Ya no vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la misma dedicación de otras épocas. –Para cuando termine la guerra... –decía el abuelo.
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-Todo acaba algún día...- comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro sentía que la paz debía de ser algo muy hermoso, porque los ojos de su madre parecían aclararse fugazmente cada vez que se referían al fin de la guerra, tal como a él se le aclaraban los suyos cuando recordaba a Naomi.
¿Y Naomi?
El primero de agosto despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba sobre la nieve. Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella atravesándolo.
Abandonó el tatami se deslizó de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la ventana de la habitación. ¡Qué alivio! Una cálida madrugada le rozó las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.
2 Tatami: estera que se coloca sobre los pisos, en las casas japonesas tradicionales
El dos y el tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus.
3Haikus o Haikai: breve poema de diecisiete sílabas, típico de la poesía japonesa
Lento se apaga
El verano.
Enciendo
Lámpara y sonrisas.
Pronto
Florecerán los crisantemos.
Espera,
Corazón.
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Después achicó en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la que escondía sus pequeños tesoros de la curiosidad de sus hermanos.
El cuatro y el cinco de agosto se los pasó ayudando a su madre y a las tías. ¡Era tanta la ropa para remendar!
Sin embargo, esa tarea no le disgustaba. Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que acaso resultaba aburridísimo para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar un deseo para que se compliese.
La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó en el pantalón de su hermano menor el ruego de que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de su papá, el pedido de que Toshiro no la olvidara...
Y los dos deseos se cumplieron.
Pero el mundo tenía sus propios planes.
Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima.
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Naomi se ajusta el obi de su kimono y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?
4: Obi: faja que acompaña al kimono.
5: Kimono: vestimenta tradicional japonesa, de amplias mangas, larga hasta los pies y que se cruza por delante, sujetándose con una especie de faja llamada obi.
“Ahora”, Toshiro pesca en la isla mientras se pregunta: -¡Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.
En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzas bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: “Donguri Koro Koro –Donguri Ko...” por última vez.
6 Donguri Koro...: verso de una popular canción infantil japonesa.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos mandados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana.
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Y con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.
Ya ninguno de los sobrevivientes podrá volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. un sol estallando.
Recién en diciembre logró Toshiro averiguar dónde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera ahora instalado dentro de ellos, en su misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
El invierno se insinuaba ya en el aire y el muchacho no sabía si era el frío exterior o se pensamiento lo que le hacía tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana.
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De cara al techo. Con los ojos abiertos y la mirada inmóvil. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobre su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.
-Voy a morirme, Toshiro... –susurró, no bien su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama. –Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta...
Mil grullas... o Semba-Tsuru, como se dice en japonés.
7 Semba-Tsuru: mil grullas. Una creencia popular japonesa asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel) – se logra alcanzar larga vida y felicidad.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita. Sólo veinte. Después, las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.
-Te vas a curar, Naomi –le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.
El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporalmente alojados) entendieron aquella noche el por qué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.
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Hojas de diario, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían acomodar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.
La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó primero novecientos ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno, hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía. El muchacho se encontraba pasando hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las frágiles grullas del milagro y las aprestó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos paspados y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras de su furoshiki y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara.
8 Furoshiki: tela cuadrangular que se usa para formar una bolsa, atándola por sus cuatro puntas después de colocar el contenido.
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Por esa única vez, tomó sin pedir permiso la bicicleta de sus primos.
No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.
-Prohibidas las visitas a esta hora –le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.
Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su lecho. Por favor...
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara: -Pero cinco minutos, ¿eh?
Naomi dormía.
Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso una silla sobre la mesa de luz y luego se subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el cielo raso. Pero lo alcanzó. Y en un rato estaban las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.
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Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando. Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.
-Son hermosas, Toshi-chan... Gracias ...
9 Toshi-chan: diminutivo de Toshiro
-Hay un millar. Son tuyas, Namoi. Tuyas –y el muchacho abandonó la sala sin darse vuelta.
En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera también dejó colar, al entreabrir por unos instantes la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo.
La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer el horror instalado en su sangre?
Febrero de 1976.
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
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Serio y poco comunicativo como es, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se encuentran algunas grullas de origami dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de la máquina de calcular.
Grullas surgidas de servilletitas con impresos de los más sofisticados restaurantes...
Grullas y más grullas.
Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en aquella superstición japonesa.
-Algún día completará las mil... –cuchichean entre risas-. ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?
Ninguno sospecha, siquiera, la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.
martes, 23 de junio de 2015
Cuando llega el amor- (Cuento de mi autoría)
Cuando llega el amor. lo recuerdo bien. era una mañana bella, los pájaros se ohían en la ventana de mi habitación, y el dulce aroma de las rosas y jazmines del patio, me despertaron. ví como la luz del sol dibujaba un corazón en mi ventana, y me levanté con una sonrisa en el rostro. bajé las escaleras, y mamá ya tenía mi desayuno preparado. eran unas ricas tostadas con mantequilla, y el té con 2 cucharaditas de azúcar como sabía que me gustaba tomarlo. después de darle un abrazo, de que me deseara un bonito día y que me diera su bendición, salí rumbo a la universidad como siempre. mientras caminaba, observava las bonitas flores que se abrían gracias a la primavera. me sentía una chica feliz, de 20 años que quería cumplir sus metas. estudiaba la carrera en arte, y amaba las clases de pintura. siempre plasmaba mis paisajes con tanto color, que la gente se los quedaba viendo perpleja en las exposiciones. apenas entré a la universidad, ví que había un revuelo impresionante. ¿que estará pasando? me pregunté extrañada. llegué a la clase, me senté en el lugar de siempre, cuando el profesor dijo: --hoy, tenemos el orgullo de tener un alumno de intercambio en nuestra clase, él estará compartiendo un semestre con nosotros, espero que sepan ayudarlo en lo que necesite y hagan amistad con él. el profesor miraba a toda la clase, y continuó diciendo: --su nombre es paul y es francés. cuando lo ví entrar, mi corazón se paralizó al verlo. en medio segundo mi mirada se encontró con la suya, y todo mi ser comenzó a temblar. mi cabello largo, mi voz, mi corazón latía fuerte. no podía describir lo que estaba sintiendo, cuando se centó justo a mi derecha con sus libros, y material de pintura. no me atreví a decirle nada, hasta que tocó el timbre para el descanso. salí, me fuí a comprar algo para almorzar, y me centé cerca de la famosa fuente de agua que tenía la universidad, con una estatua de 2 enamorados. ella, con un ramo de rosas en su mano, y el como si estuviera leyéndole algún poema. yo estaba lo mas tranquila escuchando el sonido del agua, y contemplando esa imagen, cuando se acercó y tímidamente me dijo: --hola... soy paul. yo solo trataba de no temblar, y no pensar en su bella voz y en el ascento francés tan romántico. nosé como hice para hablarle, pero le dije --hola! soy luz, mucho gusto. ví que me sonrió, y se quedó allí contemplándome. por la tarde seguimos en la clase de música, y mientras cantábamos solo me importaba él y que estaría pensando. luego regresé a casa con una sonrisa, y con la mirada tan alegre que mi madre quería saber que pasaba, solo le conté lo del estudiante nuevo, pero lo que sentí al verlo eso lo guardé para mí. subí a mi cuarto, y me dormí tan feliz que al día siguiente, me desperté y viendo el reloj casi casi llego tarde. peiné mi cabello y después de desayunar y arreglarme, me fuí. llegué a la uni tan apurada que casi se me cae todo el material de las clases. los días pasaron, y en cada clase que compartía con paul mi vida tenía un sentido tan diferente, me sentía mas feliz de lo que era. hasta qe un día, me sorprendió cuando estaba regresando a casa, y me invitó un helado. nos pusimos a charlar de todo un poco, de mi pasión por conocer el mundo, de la poesía, del arte y la música que nos gustaba. mi corazón saltaba de alegría, por primera vez me sentía enamorada y todo era hermoso con él a mi lado. era una tarde bellísima, y mientras caminábamos rumbo a mi casa, el se detuvo y me miró a los ojos. me dijo que jamás había conocido a alguien como yo, que era su alma gemela, y que desde el primer día que entró a la universidad, su vida había cambiado para siempre. yo no tenía palabras y con mi voz temblando de la emoción le dije un te amo, apenas audible. me tomó la mano, se acercó, y solo me reflejé en sus ojos, vi como el mundo se detenía, cuando sus labios llegaron amí como una caricia para el corazón. y así, mi alma se fundió con la suya y nunca más se separaron. eso fue solo el principio de una felicidad que nunca termina. él no regresó a francia, estudiamos juntos y nos casamos. ahora, nos dedicamos a viajar por el mundo exponiendo cuadros y él, con su talento de escritor, plasmando en papel sus poemas y cuentos.
lunes, 4 de mayo de 2015
VEO VEO NO VEO (un cuento para niños recién diagnosticados con Stargardt)
VEO VEO NO VEO (un cuento para niños recién diagnosticados con Stargardt)
esta es la historia de Pablo, un chico de 12 años que acaba de ser diagnosticado con Stargardt.
VEO VEO NO VEO
UNO
Hace un tiempo que Pablo se da cuenta de que no ve muy bien el pizarrón.
A veces copia mal aunque preste mucha atención.
Cuando ve la tele necesita acercarse más que otros para ver lo que está pasando en sus series favoritas y los subtítulos de las películas en el cine se le hacen muy difíciles de ver.
A Pablo le gusta leer historias, pero se le cansan mucho los ojos y, aunque se acerque el libro hasta tocarse la nariz, no puede leer las letras pequeñas ni distinguir todo lo que pasa en las ilustraciones de sus cuentos.
La mamá de Pablo lo ha llevado a varios oftalmólogos, porque le han dicho que no encuentran nada raro en los ojos de Pablo.
Después de hacerle unos estudios el Dr. Esteban ha encontrado que tienen los ojos de Pablo ¡Stargardt!
Pablo se alivia, ¡por fin sabe el nombre de lo que le andaba pasando!
El Dr Esteban les explica a Pablo y a su mamá que la enfermedad de Stargardt no es muy frecuente, que por eso muchos médicos no la conocen lo suficiente, porque no son muchos los chicos que la tienen. La enfermedad de Stargardt es una EPOF, una enfermedad poco frecuente.
Pablo quiere saber. -¿hay más chicos con Stargardt, Dr Esteban?
-¡Sí! En el mundo hay aproximadamente 700.000 personas con Stargardt! Claro que están todos muy repartidos y es difícil reconocerlos porque es una enfermedad que no se nota, pero seguro que alguna vez ya te has cruzado sin saberlo con gente con Stargardt por la calle.
Pablo tiene miles de preguntas: ¿pero cómo que es una enfermedad, si yo me siento bien y no me duele nada? ¿se cura? ¿es peligrosa? ¿Cómo hago para ver el pizarrón? ¿y para leer? ¿y para hacer la tarea?
El Dr Esteban sabe muchísimo y empieza a explicarle a Pablo que esta enfermedad no es de las enfermedades que hacen doler.
-¡Tranquilo Pablo! El Stargardt solamente afecta tus ojos, todo lo demás te funciona perfectamente. En lo único que te va a embromar es en que no ves bien, porque el Stargardt provoca baja visión.
-Baja visión? Y eso se arregla con anteojos?
-No, la baja visión no se corrige con anteojos, ni se opera, y aunque el Stargardt todavía no tiene cura, las investigaciones que se están haciendo en el mundo son geniales y están consiguiendo excelentes resultados, así que muy pronto vamos a tener novedades en materia de tratamientos para el Stargardt y para muchas otras enfermedades que hasta hace poco tiempo ni se conocían.
La mamá de Pablo está muy contenta con todas las explicaciones que les da el Dr. Esteban.
-Dr. , ¿el tema de la escuela...?
- No te preocupes Andrea, ahora les voy a dar el teléfono de una especialista, una rehabilitadora, ella le va a enseñar a Pablo a usar un montón de recursos para poder seguir las clases como todos sus compañeros.
-Ay! Bueno, qué alivio doctor!, dice la mamá de Pablo.
Pero Pablo tiene más preguntas y aunque le da miedo hacerlas las hace:
-Dr, ¿El Stargarardartardart este (el nombre al principio no le salía bien) puede empeorar?
-Sí, pero muy poquito, no va a ser algo muy diferente de cómo ves ahora. Y para proteger mucho tus ojos vas a usar unos lentes que te cuiden los ojos de la luz del sol y de las luces de bajo consumo, que son muy malas para la vista.
¡Además yo te voy a dar unos suplementos para que tus ojos estén fuertes!
La mamá interrumpe -¿puedo darle unas vitaminas que tengo en casa?
-¡Noooo!, grita el Dr Esteban ¡esos complejos vitamínicos pueden tener vitamina A, y las personas con Stargardt NO PUEDEN TOMAR SUPLEMENTOS CON VITAMINA A PORQUE LES HACE MAL!
-Bueno, bueno, no se ponga así! -Dice la mamá- ¡ya entendí, nada de suplementos con vitamina A!
Pablo se queja –¡pero a mí me gusta la manteca y la manteca nos dijeron en el cole que tiene vitamina A!
El Dr Esteban se ríe y le explica a Pablo que puede comer manteca de lo más pancho, porque la cantidad de vitamina A que tienen naturalmente los alimentos está muy bien, el problema está en tomar suplementos.
Pablo antes de irse se anima a la última pregunta:
-¿me puedo quedar ciego?
-¡No Pablo! Vas a tener baja visión, nada más, que es un plomo pero no es tan grave. Podés sacar el certificado de discapacidad, pero el Stargardt te provoca una discapacidad muy leve.
El Dr Esteban anota en un papel que le da a mamá todo lo que han estado hablando para que ella no se confunda y le dice –llámeme para preguntarme todo lo que se le ocurra.
Es muy buen tipo este Dr. Esteban.
A la salida Pablo camina al lado de su mamá. Está contento con esto de saber el nombre rarísimo que tiene su enfermedad, pero al mismo tiempo no sabe si tiene que estar más preocupado por esto de la baja visión. ¿cómo será esto de la baja visión? ¿Podré hacer las mismas cosas que los demás chicos de mi edad? A la media cuadra una consola de Play lo distrae en una vidriera y se olvida de todo el tema de la visita al oculista.
DOS
Pablo no quiere contarle a los compañeros que tiene Stargardt y se enoja con su mamá cuando ella va a hablar con la maestra para explicar todo ese lío de la baja visión.
Para sorpresa de Pablo, la señorita Marita parece saber del tema. La maestra de Pablo es muy dulce ¡y es lindísima!
-Pabli, con razón te costaba tanto copiar del pizarrón! Qué suerte que ya sabemos qué tenés! En esta escuela en el turno tarde hay otra nena que también tiene Stargardt, ella te puede contar como hizo para que no le costara preparar las tareas. ¡Voy a conseguirte su teléfono!
La señorita Marita explica a todo el grado que Pablo no ve bien. A Pablo esto lo pone nervioso, no sabe por qué, pero le da vergüenza. Los chicos del grado son muy macanudos, son pibes piolas. Todos entienden, algunos le preguntan a Pablo cómo es ver como ve él, y Pablo no sabe como explicarles. La señorita ayuda mostrando unas fotos donde las imágenes no se ven muy bien, más o menos así ve Pablo. A todos les sirve entender que su amigo necesita ayuda para algunas cosas, y eso no sorprende a nadie, porque todos necesitamos ayuda para cosas distintas. Pablo vuelve a su casa contentísimo, se le pasó la vergüenza, ahora tiene que aprender un montón de cosas nuevas sobre su baja visión.
TRES
Papá le dice a Pablo que el domingo van a ir a visitar a los abuelos.
A Pablo le encanta ir a la casa de los abuelos porque está llena de rinconcitos divertidos y el abuelo cuenta muy buenas historias.
Llega el domingo y mamá, papá, Pablo y su hermanita Clari salen para la casa de los abuelos.
Cuando estacionan el auto escuchan que desde adentro la abuela grita "¡apúrense que se van a enfriar los ravioles!"
Todos se sientan en la mesa. La fuente de ravioles de la abuela tiene un olorcito riquísimo.
Pablo nota algo raro, todos se esfuerzan por ayudarlo, no le molesta, pero le parece raro, están preocupados por alcanzarle el queso rallado, la panera. ¿Será que mamá ya les contó del Stargardt?
Clarita se queja –¡A Pablo le pasan el queso y yo estoy pidiendo y nadie me pasa nada!
Más tarde, jugando en el patio con los primos, Pablo oye a los grandes conversar.
-Pero, no entiendo Andrea, ¿con anteojos no se arregla?
-No, mamá, ya te expliqué. Carlos ya averiguó, le escribió a un amigo médico que vive en Alemania y él nos lo confirmó, no hay cura para el Stargardt.
El abuelo está con cara de tragedia.
Pablo los ve preocupados y no sabe si decirles que él se siente muy bien, que ve raro, que no ve todo, que no ve súper bien, que ve más bien mal!, pero que la tarde está buenísima y que tiene ganas de jugar un picadito con los primos y con los grandes.
Así que se acerca y dice –Pá, ¿jugamos a la pelota?
-Dale, dice papá.
Clari se vuelve a quejar –"yo quería que me enseñaran a andar en bici y nadie me dio bolilla! Y a Pabli todos le dicen que sí".
Pablo se da cuenta de que es cierto. Están raros. Pero no se anima a comentar nada más.
Cuando se despiden Pablo va a cruzar la calle para subirse al auto y la abuela le agarra la mano. –Abuela, pará, le dice Pablo, jaja, ¡se cruzar solo! Y si no viera bien te aseguro que te lo diría!
Todos se aflojan, Pablo es un capo. Por suerte lo dijo! Ahora todos se despiden más relajados, no es bueno tener miedo de decir las cosas.
Esa noche en su cama Pablo repasa todo lo que siente desde que se enteró de que tiene una enfermedad crónica. Porque le explicaron que la enfermedad de Stargardt no es grave, no duele, no es peligrosa para la salud de otras partes del cuerpo, pero que es crónica, o sea que está siempre.
También le explicaron qué quería decir que el Stargardt provocara una discapacidad leve, eso era fácil de entender, había algunas cosas que él no podía hacer, y muchichichichichichichichichísimas cosas que sí podía y podría siempre.
Pero lo que le resultaba más raro a Pablo era esto de que lo estuvieran mimando y cuidando más, “como si fuera un bebito”, pensó. Eso no le gustaba. Porque Pablo ya cumplió 12 y pronto va a viajar solo en colectivo al secundario. ¡Y eso le encanta! ¡crecer! ¡conquistar el mundo de las grandes libertades!
El doctor Esteban le dijo que él no va a poder manejar autos, y eso sí que no le gustó nada, porque le encantan los autos. Eso sí que es feo. Pero como siempre dice mamá, no todo lo que nos toca es lindo, y hay que trabajar fuerte para que cada vez más cosas lindas nos pasen en la vida. Mamá decía eso cada vez que contaba como se habían enamorado ella y papá y cómo habían soñado infinitas cosas lindas y felices y como a pesar de las dificultades que siempre iban apareciendo sentían que eran muy pero muy felices.
Es re sabia mamá. Y papá también.
Pablo se durmió y soñó que nadaba y ganaba las olimpíadas.
CUATRO
Pasaron unos meses. Pablo tiene preocupaciones más importantes que el Stargardt, le gusta una chica de otro grado y le salió un grano horrible en la nariz. Pero como todos tienen algún granito nadie parece notarlo.
La chica se llama Nati y es muy divertida. Pablo está recontra enamorado! Y se enteró por la compañera de banco de Nati que Nati también gusta de él. Los nervios lo están matando, en cualquier momento puede ser la oportunidad de declarársele! Pero hoy en el recreo Nati estuvo un poco antipática y no le sonrió como siempre.
-che, ¿te pasa algo? Le dice Pablo (que siempre prefiere hacerse el duro con ella aunque se derrita).
- No, a vos te pasa, contesta molesta Nati.
-EH??? Qué bicho te picó?
-Nada que ayer yo estaba en el kiosco y vos volvías del almacén y no me saludaste, pasaste por al lado mío y seguiste como si nada, ¿qué te crees pibito?
Uuuuhhh, Pablo se muere de vergüenza pero prefiere decirle la verdad. Su papá siempre le dice que decir la verdad es lo mejor para todo y Pablito se anima:
-Es que no te vi!
-Pero si pasaste por al lado mío!
-De verdad no te vi, yo tengo un problema en los ojos, Stargardt, y muchas veces me pasa que no veo gente por la calle o que no reconozco las caras, hay cosas que veo re mal y otras que veo muy bien. Es raro de explicar. Pero es verdad.
Nati nota que Pablo es sincero y se afloja. Y nuestro galán se da cuenta y la encara: -Por ejemplo veo muy bien lo linda que sos, si ayer te hubiera visto no me hubiera perdido la oportunidad de acompañarte hasta tu casa.
Nati se pone roja como un tomate y sonríe.
-Bueno me podés acompañar hoy-, dice y Pablo siente que es un astronauta y que llegó a la luna y volvió y fue y volvió cien veces…
CINCO
En el grupo de rehabilitación de baja visión Pablo conoce a un montón de chicos con diferentes cuestiones en los ojos, unos tienen Retinosis Pigmentaria, otros síndrome de Best, otros glaucoma, miopía magna, cataratas congénitas, miles de palabras nuevas que Pablo se acostumbra a oír aunque no sepa que significan. Lo que sí sabe es que todos ven de manera diferente.
La profesora rehabilitadora le enseñó a Pablo un millón de trucos para que le resulte más fácil hacer todo lo que le cuesta con baja visión. Pero igual Pablo le tiene un poco de miedo al secundario.
Leer en la compu lo cansa, y eso de ampliar todas las fotocopias y pedir que le preparen los materiales especialmente para él le cuesta.
La señorita Marita le dijo que le tiene una sorpresa, que hoy se quede un ratito más a la salida porque hay alguien del turno tarde que va a venir a buscar unas películas a la videoteca.
Cuando toca el timbre y todos salen a la calle, Pablo ve a una chica un poco más grande que él lo está esperando.
-Pablo te presento a Lauri, Lauri te presento a Pablo, dice la seño Marita.
Inmediatamente Pablo entiende, ¡Lauri es la chica con Stargardt del turno tarde!
-Los dos chicos empiezan a contarse cosas y se matan de risa, tienen miles de anécdotas divertidas en común y es como si se conocieran de toda la vida.
A los diez minutos ya se saben todo el uno del otro. Pablo conoce al novio de Lauri del club y Lauri es vecina de Nati. Los chicos se ríen y empiezan a planear programas para salir juntos los cuatro.
Lauri usa unos anteojos amarillos que le quedan muy lindos y le pregunta a Pablo por qué él no los usa. Pablo le dice que a él no le gustan.
-dale nene, no seas salame, úsalos, cuidá los ojos!
Lauri tiene razón, y ahora que él se los ve a ella le parecen muy cancheros los anteojitos amarillos.
Lauri ya sabe lo que quiere hacer cuando sea grande, quiere estudiar química, le encanta la idea de hacer experimentos.
Pablo le pregunta-¿pero y el Stargardt? ¿cómo vas a hacer para estudiar?
Lauri la tiene reclara y le cuenta que muchísima gente requete capa tiene Stargardt, es un poco más difícil organizarse, pero se puede estudiar todo lo que se desee.
Pablo chocho empieza a hacerle mil preguntas -"¿vos crees que vamos a tener que usar bastón verde?"_"no, nene, en general el bastón no es necesario para la gente con Stargardt porque es para gente con problemas de campo visual periférico, y nuestro problema está en el centro del campo visual, el bastón verde es útil para gente con otras patologías, igual yo si algún día lo necesitara lo usaría sin problema".
-"sí, yo también -comenta Pablo-, todo lo que me ayude a estar cómodo, yo quiero usarlo. Cuando era más chico era más tímido, ahora ya se que tengo que pedir toda la ayuda que necesite siempre."
Lauri le da respuesta a una duda de Pablo, resulta que el hermanito de Nati le dijo que no quería contagiarse el Stargardt y él no supo qué contestarle, pero ahora Lauri le acaba de explicar que el Stargardt no es una enfermedad transmisible, es algo que viene en la información de nuestro ADN, es una enfermedad genética, es hereditaria.
-Pero mis papás no tienen nada en la vista, dice Pablo.
-Pueden no tener la enfermedad pero sí que tienen la mitad cada uno de la información genética que hace que vos tengas Stargardt.
Pablo entiende a medias y prefiere seguir preguntando cosas sobre la secundaria. Lauri tiene hermanos más grandes que le cuentan todo, ella no tiene nada de miedo del gran cambio.
Esa noche sirviéndose la ensalada, Pablo cuenta a sus papás que Lauri le ha dicho que existe un documento que han firmado casi todos los países que se llama Convención Internacional por los Derechos de las Personas con Discapacidad, y que ese documento garantiza todos los derechos de Pablo.
La mamá de Pablo ya sabía del tema, había estado buscando en Internet y la había leído. Papá dice que va a imprimir la Convención con letras bien grandes para que Pablo pueda leerla cada vez que lo necesite y para que pueda aprender a defender sus derechos.
- Puedo llevar una copia al colegio nuevo, a la secundaria, quizás ellos todavía no la conocen. dice Pablo.
-excelente idea, dice papá.
Pablo habla de la Convención como lo que es, una herramienta amiga.
Las charlas con Lauri le han servido muchísimo, le han hecho entender que los derechos de todas las personas tienen que ser defendidos por esas personas.
Papá le pasa el arroz y le dice a Pablo que el Dr Esteban encontró en Internet el dato de un grupo de pacientes con Stargardt, se llaman Stargardt APNES y parece que allí hay muchos otros pacientes que se juntan a compartir experiencias como Pablo y Lauri han hecho. La mamá comenta que escuchó que esa asociación trabaja para ayudar a los científicos a encontrar lo más pronto posible un tratamiento que pueda curar el Stargardt. Parece que los pacientes pueden cooperar por ejemplo permitiendo que los científicos les tomen muestras de sangre y les estudien el ADN.
-Es una muy buena noticia, dice papá. Mamá está sonriente, se imagina que va a poder hablar con otras mamás con las mismas dudas que ella tiene.
Va a averiguar por teléfono cuando es la próxima reunión de pacientes y familiares de Stargardt APNES porque no se la quiere perder.
Pablo también está contento, pero es porque escucha los mensajes de su celu y hay uno de Nati que lo invita a andar en bici el domingo.
Y eso es más importante que todo lo demás.
Desconozco el autor de este escrito.
domingo, 14 de diciembre de 2014
la leyenda del pegerey
__" CUENTO DE LAGUNA Y MIEL"__
Había en estos llanos una gran familia de indios, cuyo nombre no se conoce.
El cacique de esa tribu tenía una bellísima hija llamada Nube Rosa .
Todos la querían muchísimo , pero siempre comentaban con tristeza la falta de n hijo varón , para que los guiara cuando el gran cacique fuera a reunirse con el Gran Espíritu .
_No te preocupes , padre mío _, decía muchas veces Nube Rosa._ yo conduciré a la tribu , cuando ya no estés entre nosotros_
A lo que el padre respondía invariablemente_
-Eso no es posible, hija mía, porque las mujeres no pueden gobernar . Aunque el pueblo te quiere, no lo aceptarían nunca.-
Cierta vez, otra tribu , atacó la toldería de Nube Rosa , su gente se defendió bravíamente , y los enemigos se alejaron , quedando entre los caídos un jovencito herido.
El cacique ordenó al brujo de la tribu que lo asistiera y que hiciera lo posible para salvarle la vida.
¡Era tan pequeño para ser incluído entre los guerreros!
El joven respondía al nombre de Flecha Plateada .
Se repuso , pero no podía volver con los suyos , porque no sabría cómo encontrarlos...
El noble anciano , le ofreció quedarse con ellos.
Sin embargo la tribu no lo aceptó.
Respetó la decisión del jefe , pero no comprendió porqué habían sído lastimados por los guerreros de la raza de Flecha Plateada.
Los años hicieron que en el corazón de Nube Rosa y Flecha Plateada, el amor naciera como una flor.
Un día frío, casi tan frío , como el de éste día del bicentenario de Chascomús , le dijeron al padre que querían casarse .
-No podrá ser , hijos míos, mi gente no lo permitiría, no querrían que fueras su cacique, y menos tú. Nube Rosa , no desean que una mujer los gobierne.
Durante muchos cientos de lunas , la tribu ha sido conducida por el hijo varón del gran jefe.
Cuando la tribu supo lo que ellos querían , pidieron que Flecha Plateada dejara el campamento, aún con dolor, el anciano hizo la voluntad de su pueblo.
Dícen que cuando Flecha Plateada se fué del lugar para siempre , Nube Rosa lloró tanto y tanto , día tras día , que a sus pies se fué formando una laguna de agias muy saladas .
Cuando el cacique murió , su pequeño pueblo desapareció con él.
Años después, Flecha Plateada volvió , y se dió cuenta de lo sucedido.
Tanta fué su pena , que se internó en la laguna , como queriendo beberse las lágrimas de su amada .
Luego , apareció una variedad de peces muy bonita .
Es la mísma que hoy despierta la admiración de pescadores y turistas extrangeros.
Se conoce como Pejerrey, o Flecha Plateada, en la laguna de Chascomús.
jueves, 11 de diciembre de 2014
amor y reencuentro. un cuento de mi autoría
retomando las publicaciones en mi blog el cual abandoné hace 2 años, les traigo un cuento hecho por mí. espero les guste a todos!
Amor y Reencuentro.
Por Magalí Rossi.
Sabían
que ese día, sus vidas darían un giro.
Llovía
como nunca antes se había visto en esa ciudad, Dulce iba camino a casa después
de un día larguísimo en la universidad.
Se
detuvo para esperar que cese un poco el aguacero, en el escaparate de una
tienda en donde había una especie de techo para resguardar la vidriera.
Estaba
distraída, viendo un hermoso vestido
blanco bordado con flores de color rosa que había en esa tienda, cuando giró el
rostro hacia la vereda de enfrente y vio pasar a un chico con uniforme de
doctor y un maletín. Sus miradas se cruzaron por un instante, y los ojos color
miel de él y los azules de ella se encontraron por medio segundo.
Ella
temblando de la emoción se preguntaba si era él, Efraím aquel niño con el que
había pasado tantos veranos y tantas clases del colegio.
La
lluvia se detuvo y ella se dispuso a regresar a su casa.
Llegó,
se hizo un té, le puso dos cucharaditas
de azúcar, y fue a su cuarto.
Comenzó
a buscar entre sus cajones, y encontró, aquel cuaderno en que un día, con esa
letra infantil de cuarto grado de
primaria, había escrito el nombre de Efraím y el suyo en un corazón.
También
apareció aquella foto que le tomaron en
aquel cumpleaños frente al pastel, donde se observaba su cara sonriente al
estar a su lado en ese instante.
Mientras
tanto, Efraím había llegado al hospital, hacía poco se había recibido de médico
clínico, y había decidido volver a esta ciudad, después de que sus padres se lo
llevaran a Estados Unidos cuando tenía
11 años.
Mientras
ordenaba papeles, tenía la imagen en su mente, de aquella niña con cabello
rubio que siempre en la escuela y en las vacaciones de verano solía salir a
jugar con él. También, su rostro se le oscurecía, cada vez que recordaba aquella
promesa que hicieron de ser amigos hasta el fin y nunca separarse, promesa que
los padres de él rompieron al alejarlo de Dulce.
Ese día
que él la vio corriendo, persiguiendo aquel auto, rogando que no se fuera, sintió un
vacío enorme y jamás había vuelto a sonreír hasta hoy.
¿Será
aquella niña?- se preguntó. Y quedó pensando en esa mirada que le recordaba al
mar.
El
despertador sonó y Dulce se levantó de prisa y con una voz desesperada gritó:
¡Dios, se me hizo tarde!
Salió,
tomó su netbook y su bici. Llegaba
tarde. Cruzaba las calles rapidísimo. Hasta que se distrajo por un momento, y
un auto que venía más rápido que ella, la arroyó.
Se vio
tirada en el suelo, un montón de personas la rodeaban. Luego una ambulancia.
A llegar al hospital, escuchó una voz a lo
lejos que decía: --doctor Efraím le traemos una paciente de urgencias.
El
corrió atender a esa paciente desconocida. Después de revisarla detenidamente,
Efraím dijo: --no se preocupe enfermera, solo está en un estado de inconsciencia temporal y tiene
una quebradura en la pierna derecha. En un rato pasaré a verla.
Dulce
despertó, le dolía un poco la cabeza, se vio su pierna enyesada pero estaba
bien. Agradeció al cielo de no haberse hecho mas daño y de estar en ese
cuarto de hospital bien atendida.
Al
rato, se abrió la puerta y lo vio, sin
duda era él.
Efraím
se acercó, le preguntó su nombre y cuando ella le respondió, su cara se
iluminó.
-¡Dulce!
¿Eres tú? ¡No puedo creerlo, tanto tiempo sin saber de ti!
Ella
con la voz un poco temblorosa y llena de emoción le dijo: --vaya que has
cambiado un poco, pero tu mirada sigue siendo la misma. Has cumplido tu sueño,
ser médico, eso me alegra. Y sonrió.
Él la
miró tiernamente. Con una sonrisa le dio
su tarjeta para que cuando se recuperara pudiera llamarlo y así encontrarse para hablar de todo lo que habían
cambiado sus vidas en ese tiempo.
Pasaron
dos semanas. Ella estaba mejor después de ese susto.
Entonces,
lo llamó y fue así que decidieron reunirse en la plaza en la que cuando
niños jugaban. Allí estuvieron, tomando
un helado, en esa tarde espléndida de sol.
Después,
de ponerse al día con tantas cosas y recordar aquellas anécdotas tan hermosas
de los veranos que pasaron juntos, Efraím miró a Dulce a los ojos, a ella el
corazón le latía con mucha fuerza. Entonces, fue allí cuando él le
dijo con una voz tan bella
--Dulce, perdóname. Perdóname por haberte
dejado llorando aquél día, mis padres me obligaron a que me vaya a Estados Unidos,
yo no quería dejarte. Rompí esa promesa.
Ellos
decían que no me convenía estar contigo porque nuestra relación influía en los
resultados del colegio, no era bueno, por
eso me llevaron.
Pero,
por esta razón y algo más, decidí volver
a esta ciudad después de tantos años. No pensé que iba a volver a verte. ¡Siente mi corazón!, late de tan solo
escuchar tu voz.
Dulce,
cuando recordaba a esta ciudad desde Estados Unidos, pensaba en aquella vez que saqué tu cuaderno
sin permiso y vi tu nombre y el mío dentro de un corazón. Fue allí mi promesa que
cuando creciera no te dejaría ir y no te haría pasar nuevamente esa tristeza.
Ella colocó
su mano sobre sus labios para que el callara y lo abrazó fuerte susurrándole al
oído:
-Efraím,
te extrañé tanto que mi vida no fue igual sin ti, cuando pasaron los años y
entré a la universidad, a la carrera de derecho. Allí, me dije que conseguiría una beca para irme a
Estados Unidos, quería verte.
Esto
que estoy sintiendo, me lleva a decirte que te amé desde niña y que en mi corazón
quedó un vacío cuando te fuiste, pero hoy estoy feliz de que estés de nuevo a mi lado.
Entonces
los dos se fueron acercando poco a poco, se tomaron de las manos, y unieron sus
almas en un beso lleno de pasión y ternura. Se detuvieron a observar como se
ponía el sol y al mismo tiempo mirándose a los ojos, se dijeron un te amo,
apenas audible, pero tan bello para sus corazones, corazones que a partir de
ese momento comenzaban a ensamblarse para no separarse nunca más.
Esta
historia demuestra que “Cuando dos almas son una, no existe nada ni nadie, que
pueda separarlas”, ya que un gran amor siempre nos lleva al reencuentro.
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